Conforme se han ido levantando las restricciones originadas por la COVID-19 en distintos países, se ha producido un fenómeno especialmente destacable en países como EE.UU. o Italia, por poner dos ejemplos: hablamos de la llamada «Gran Renuncia» (Great Resignation), la tendencia de muchos trabajadores y trabajadoras a dejar sus puestos de trabajo sin tener otra oferta concreta en las manos; esto es, no es que se vayan a un empleo mejor, sino que simplemente se van a casa.

En Estados Unidos las cifras son contundentes: hasta un 3% mensual de personas (dato de noviembre de 2021, 4,5 millones de personas en EE.UU.) han renunciado voluntariamente, con diferencias marcadas entre sectores: un 6,9% en el Sector Servicios frente a apenas un 1,7% en las actividades financieras, según datos de la revista Fortune. Analizando solamente los datos de las renuncias en el sector privado (excluyendo la Administración Pública y los trabajadores agrarios), la tasa de renuncias se situó en el 3,4% MENSUAL. Por otro lado, un estudio de la empresa Microsoft señala que un 40% de personas trabajadoras a nivel mundial se plantean cambiar de trabajo este mismo año.

En este lado del Atlántico, según datos de Eurostat, la media de la Unión Europea en cuanto a puestos de trabajo vacantes se situó en el primer cuarto de 2022 en un 2,9%, siendo el dato más alto el de la República Checa, con un 5,3%, seguida de Países Bajos con un 4,9% y Bélgica con un 4,8%. España, con un escaso 0,9%, está lejos de estas cifras.

La principal razón de la Gran Renuncia hay que buscarla en la pandemia, y más concretamente, en los períodos de confinamiento domiciliario. Tal y como asegura a Vozpópuli Pilar Llácer, directora del Work of the Future Center de EAE Business School, después de la pandemia muchas personas se han replanteado su vida laboral. Se han empezado a preguntar por qué se levantan cada mañana para ir a trabajar y si de verdad les vale la pena tanto esfuerzo. Y muchos han llegado a la conclusión de que no les vale la pena. Concretamente, el portal EDSMART hace una recopilación de estudios sobre las causas del fenómeno, y propone nueve razones fundamentales:

  • Cultura empresarial «tóxica».
  • Inseguridad laboral.
  • Fallos a la hora de reconocer el rendimiento.
  • Mejor conciliación laboral y personal y familiar.
  • Deseos mantenidos desde hace mucho tiempo de reorientar la carrera profesional.
  • La búsqueda de un mejor salario.
  • El cuidado de hijos o familiares mayores durante la pandemia.
  • Altos niveles de innovación (que generan que la persona se sienta exhausta).
  • Pobre respuesta empresarial a la crisis de la COVID-19.

Pero volvamos a España. Los datos apuntan a que no hay una Gran Renuncia en España al estilo de los Estados Unidos. La principal razón para que esto ocurra es evidente: España tiene una tasa de paro es del 13,1%, frente al apenas 3,6% de USA; obviamente, las dinámicas del mercado de trabajo español son muy diferentes a las de otros países donde sí es relevante este fenómeno. Sin embargo, sí que se está produciendo un efecto en España del que, si bien aún no existen estadísticas claras al respecto, hay que tener en cuenta: la queja de numerosas empresas, especialmente de Hostelería y Restauración, de no encontrar personal cualificado para cubrir los puestos ofertados.

Un estudio de Eurofirms Group señala datos reveladores: en una muestra de 1.823 personas trabajadoras del sector, un 65% se ve trabajando en otros sectores en cinco años, y el 36% no recomendaría dicho trabajo a sus familiares o amigos bajo ningún concepto. El salario no parece ser la única razón de estas opiniones, sino que muchos indican, también, la falta de flexibilidad horaria, que les permita disfrutar más de su tiempo de ocio. De hecho, cuando se les preguntó a los encuestados por las razones de su valoración negativa del sector, el primer factor nombrado fue el de los horarios y la conciliación (64%), seguido del salario (37%) y la estabilidad (21%).

Hostelería y Restauración, imagen de camarera

Parece, por tanto, que más que una Gran Renuncia, en España estamos asistiendo a un «Yo me quedo en casa», debido a multitud de factores propios del sector y que ya hemos nombrado, y otros como la inflación y la subida de precios de alquileres, especialmente en zonas turísticas, cimentada sobre el recorte en la oferta de pisos para alquiler de larga temporada a favor del alquiler vacacional.

No es que haya una solución sencilla a esta problemática, pero es necesario tomarla muy en serio y tomar las medidas para no retrasar la recuperación turística que estábamos experimentando. Al fin y al cabo, nos guste o no nos guste, la Hostelería y la Restauración constituyen el buque insignia de nuestra economía.

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