¡Conócenos un poco más a través de los ojos de Lidia Márquez! Psicóloga y coordinadora de proyectos educativos y sociales en Grupo Shinè.

¿En qué consisten tus tareas diarias? ¿Cómo es tu día a día?


El área de proyectos es bastante dinámica y eso implica que cada día sea totalmente diferente al anterior. 
 

Dentro de las tareas que realizo se encuentran: revisar el correo, realizar llamadas y asistir a reuniones, coordinar el equipo y gestionar las tareas que se realizan dentro de cada uno de los proyectos, preparar y presentar propuestas, así como seguimiento y realización de informes y memorias, e impartir docencia.

Llevar todas esas tareas al día, no solo implica tener un alto grado concentración y control emocional, además de tener una adecuada gestión del tiempo, sino que también conlleva una gran responsabilidad tanto con las entidades con quien trabajamos como con las personas que trabajan conmigo para desarrollar los proyectos.  

Cada proyecto es diferente y tiene unas exigencias que van variando. En este sentido intento tener la mente abierta, contar con la opinión e ideas del equipo e intentar siempre innovar pensando en el bienestar de las personas y el objetivo que perseguimos con ese proyecto.  

Para mi empezar, hace ya varios años a coordinar los proyectos educativos y sociales fue y sigue siendo todo un reto, al que me enfrento cada día con entusiasmo y motivación.

Es cierto que en ocasiones hay que lidiar con aspectos complicados que pueden llevarte a pensar “no puedo más”, ahí es cuando es importante mantener la calma para no perder la perspectiva y además tengo la suerte de contar con un equipo que nos apoyamos para resolver cualquier cuestión.

Un aspecto positivo que destaco es la flexibilidad que tenemos en la empresa de autogestión del tiempo y la posibilidad de teletrabajar.

Para mantener un buen ritmo de trabajo y tener un alto grado de bienestar, combino mi horario laboral con la práctica deportiva y el yoga, que en muchas ocasiones realizo antes de empezar la jornada, lo que me hace recargar las pilas y activarme para afrontar los retos del día a día a día.  

¿Alguna vez pensaste que te ibas a dedicar a esto? ¿Cuál era tu sueño de niña? 


No. Mis aspiraciones desde pequeña eran diferentes, la rama artística siempre ha estado presente pero por circunstancias personales ese camino se quedó a un lado. 
 

Si bien es cierto que siempre me ha gustado tratar con personas y liderar actividades de diferentes características, por lo que no me sorprende que el camino de la vida me haya llevado hacia la psicología.   

Estudiar psicología fue fruto de una casualidad que a día de hoy me apasiona.  

Poder trabajar con personas, potenciar su desarrollo personal, crear y ver crecer los proyectos y nutrirme al mismo tiempo de todo ello para mi propio desarrollo personal y profesional, todo esto combinado con la flexibilidad, el poder gestionar mi trabajo es para mi una suerte y espero poder continuar en esta línea. 

¿Hay algún proyecto que recuerdes con especial cariño? 


Cada proyecto es diferente y trae consigo diferentes retos a los que enfrentarse.
Todos los proyectos en los que he participado, tanto en intervención como en coordinación los recuerdo con cariño. Un proyecto empieza desde que surge una idea o una necesidad, y formar parte del proceso de creación, desarrollo y evaluación es verlo evolucionar. 

Durante todo el proceso hay cosas que salen bien y otras veces se comenten errores, de los cuáles siempre se aprende algo para mejorar, pero cuando recibo el feedback positivo de las personas con quien trabajo, merece la pena el esfuerzo y eso aumenta mi motivación para seguir creciendo y seguir dando lo mejor de mi en cada proyecto.  

Aún así, el proyecto Habilidades para la vida, lo recuerdo con especial cariño al ser el primero en el que participé. Era la primera vez que entraba en un aula y trabajaba habilidades personales e interpersonales con alumnado de primaria y secundaria, y aunque en un inicio pensé que iba a ser difícil, en seguida conecté con el alumnado y surgieron muchas cosas positivas de esa intervención.

Otro proyecto que también destaco fue un Proyecto Social donde teníamos que trabajar con la comunidad en un centro social desde cero, y con escasos recursos. En ese proyecto descubrí la capacidad de improvisación y adaptación que tenía para intervenir con las personas, y también el reto que puede implicar cuando no se da todo lo necesario para poder desarrollarlo adecuadamente.

Al principio fue complicado y parecía que no se iba avanzar mucho, pero fue una gran satisfacción ver como los y las niñas, adolescentes y familias iban participando cada vez más, evolucionando en su desarrollo de habilidades, observando resultados positivos de esa intervención y acompañamiento y finalmente crear un punto de encuentro sano, un espacio y una comunidad donde poder realizar diferentes acciones con esas personas y obtener resultados positivos.  

En definitiva, pongo todo mi empeño en que los proyectos tengan un impacto positivo en las personas con las que trabajo.