El mayor problema de la comunicación es la ilusión de que se ha logrado
George Bernard Shaw

En cualquier trabajo, surgen conflictos. De hecho, más allá de lo que opinan algunas personas, que es sano evitar siempre el conflicto, éste supone un vehículo del cambio, una manera de que se produzcan ajustes entre las distintas personas, equipos de trabajo o departamentos y que, bien manejados, suponen avanzar en la dirección deseada. En resumen, un conflicto es una oportunidad de mejorar las cosas.

Un conflicto habitual es cuando se da un comportamiento de un compañero o compañera de trabajo que nos incomoda o, incluso, nos perjudica. En este tipo de situaciones, la comunicación adecuada juega un papel fundamental, y es que pedir un cambio de comportamiento en el trabajo es algo que, en general, nos resulta terriblemente violento. A pesar de ello, hay técnicas que potencian una comunicación asertiva y eficiente y que, por tanto, nos ayudan a tener unas relaciones interpersonales en el trabajo más satisfactorias para ambas partes. En este post nos centraremos en una de ella, la llamada comunicación en primera persona o, también, mensajes yo.

Mensajes «tú» frente a mensajes «yo»

Cuando una persona de nuestro entorno tiene un comportamiento que nos incomoda de alguna manera, lo habitual es que en un principio nos lo callemos y hagamos como que no pasa nada; el problema viene cuando el comportamiento persiste o se nos incrementa y a nosotros se nos termina la paciencia. Lo habitual, en esa situación en el trabajo, es que cuando ya estamos enfadados, nos centramos en acusar a la otra persona, y no tanto en una búsqueda compartida de soluciones.

Al utilizar tan habitualmente los mensajes centrados en la otra persona (mensajes tú), y hacerlo ya enfadado o enfadada, la reacción más común (y lógica, por otra parte) es una respuesta a la defensiva; esto es, poniendo excusas, ofreciendo pobres argumentos, acusando a terceras personas o a nosotros, etc. Este tipo de respuestas a la defensiva se incrementan, incluso, cuando hacemos referencia a la personalidad de nuestro interlocutor o interlocutora, y no a un aspecto concreto de su comportamiento.

Por poner un ejemplo, no es lo mismo decir a alguien que es un auténtico desastre que decirle que nos pone muy nerviosos que siempre hayan cosas fuera de su sitio sobre su mesa. Obviamente, la segunda forma de abordar el cambio de comportamiento que queremos es mucho más hábil en cuanto a comunicación, y probablemente generará un menor rechazo en nuestro interlocutor/a, siendo más probable que de verdad nos escuche, empatice con nuestra molestia y termine decidiendo cambiar su comportamiento.

¿Qué son y cómo generar mensajes «yo»?

Los mensajes «yo» son mensajes respetuosos que expresan las propias opiniones, sentimientos y deseos, sin acusar o juzgar a la otra persona; de esta manera, se facilita la expresión de las diferencias y de los desacuerdos. En vez de centrar la atención en la persona con la que hablamos, criticando su comportamiento, centramos la atención en nosotros, en cómo nos sentimos al respecto de alguna situación o comportamiento, pidiendo el cambio de comportamiento por parte de la otra persona.

El aspecto fundamental de los mensajes «yo» es que centra la atención en cómo nos sentimos NOSOTROS, y que es difícil que alguien cuestione cómo nos sentimos; no es lo mismo decir que tú me estás atacando que decir que yo, cuando haces X, me siento atacado/a.

¿Cómo hacerlo?

1. Describir, de forma clara, específica y sin emitir juicios, la situación o comportamiento que nos molesta: «Cuando haces / dices / pasa…”. Por ejemplo: «Cuando llegas tarde al trabajo los miércoles, habitualmente más de quince minutos…».

2. Describe las consecuencias o efectos que el comportamiento tiene, de forma lo más concreta posible, y sin evaluarlo. Por ejemplo: «Retrasamos el inicio de la reunión semanal».

3. Expresar los sentimientos que te produce EN PRIMERA PERSONA. Por ejemplo: «Yo me pongo nervioso, porque se retrasa el trabajo que tengo que hacer ese día».

4. Expresar qué necesitamos, de manera clara. Por ejemplo: «Necesito empezar mi trabajo a tiempo también los miércoles, por lo que me gustaría que acudas puntual a las reuniones de equipo».

5. Proponer alternativas. Por ejemplo: «Puedes proponer al equipo que las reuniones se realicen en otro horario».

Es necesario recordar que los mensajes «yo» utilizan un lenguaje centrado en tu persona, con mensajes en primera persona (yo, a mi, etc.), verbalizaciones en positivo y verbos que expresen puntos de vista personales (pienso que, me gustaría que, quiero que…).

Utilizar los mensajes «yo» en el trabajo, o en cualquier otro ámbito, no nos va a garantizar un resultado concreto, pero es una técnica que nos permite una comunicación más asertiva y eficiente y, por tanto, mejorar nuestras posibilidades de interacción positiva con otras personas.

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